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Lunes 22 de Mayo - 16:14 hs

Se fue Luis Mañanes, un soñador

Se fue Luis Mañanes, un soñador

 

Por Gerardo R. Mañanes 


El día 9 de noviembre se apagó la vida de Luis Mañanes, dueño de la histórica Óptica Mañanes, que por más de 50 años estuvo al servicio de la comunidad toda.

Rápido, casi sin molestar, en silencio, se detuvo su soñador corazón, yo tuve la suerte de decirle papá.

Mi viejo cuando escribía colocaba al final "sé que soy un soñador, pero no soy el único” en réplica de la inmortal frase de John Lennon en Imagine, sin lugar a dudas era así, siempre fue y será un soñador.

Soñó todos y cada uno de sus días, con una vida mejor, un mundo mejor, gente mejor, el mejor anteojo, tanto que tuvo varias ediciones de los premios El Anteojo de Oro, que ha sido recibido por personas sumamente prestigiosas de nuestra comunidad a quienes agradezco desde acá haber sido importante a los ojos de mi padre.

Siempre me dijo "se enseña con el ejemplo”, pero no me dijo que todos los ejemplos enseñan, los malos y los buenos, para saber qué cosa no hacer y qué cosa sí hacer, eso lo tuve que descubrir con los años, circunstancia que agrega valor a la enseñanza por cuanto "no se da el pescado sino que se enseña a pescar”

Gracias Papá por haber sido tan grande, gracias por la humildad y sencillez que caracteriza a personas muy especiales, que transitan por la vida en actitud casi desapercibida sabedores de su propio peso.

Su vida fue un sueño, soñó tanto y tan grande que hoy, seguramente, se ha cumplido su sueño mayor.

Vivió y obró por y para sus sueños, dio todo sin mirar a quien, sin limitación y restricción, lo que su corazón mandaba él hacía. No sé si eso es malo o bueno, no me importó mucho, creo que como hijo cumplí, acepté toda decisión de mi padre así no la comparta, a lo largo de su vida nunca moví un dedo en su contra, por más que en broma siempre decía que yo era "hijo de desaparecido”, pero no porque mi padre haya sido víctima de la dictadura militar, sino porque un día mi padre se fue y no volvió más, solamente era que como hijo lo extrañaba mucho, nada más.

El corazón mandaba y él obedecía, sin filtro, todo corazón.

Agradezco de manera personal y pública a todos aquellos que se han molestado en acompañarnos y ocupado en enviar salutaciones, condolencias y mensajes de todo tipo y que hoy la tecnología permite, llegando a lugares insospechados. Es tanto y tan grande el afecto que mi hermano y yo hemos recibido que no puedo expresar con palabras el valor de todo lo que ello significa.

Viejo querido, no hay cuentas pendientes, no hay páginas vacías, no hay reproche, ni saldo alguno. Viejo querido estamos en paz. Atte.


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